Los peligros del “valle del software” y la “economía naranja”



La revolución tecnológica presenta riesgos y oportunidades sin precedentes para Colombia. Que se conviertan en una catástrofe o en fuente de bienestar depende de las acciones inaplazables de los gobiernos de turno. 

En una plácida discusión de sábado, la cofundadora del IBSER Elizabeth Montoya invocó al elefante en la sala:

    - “Me preocupan los grandes impactos negativos que puede tener el Valle del Software en Medellín”, sentenció.

    - “¿De qué hablas?, ¿Cuáles impactos negativos?”, le pregunté incómodo.

   - “¿En serio?... si con el valle del software se profundiza la automatización de tareas y la importación de tecnologías disruptivas, miles de personas van a perder su empleo en Medellín. Vamos a quedar con una ciudad más pobre y más desigual que antes”, respondió.

Irrefutable. La evidencia indica que la revolución digital trae consigo el reemplazo de muchos trabajadores por máquinas y algoritmos, especialmente en aquellas tareas realizadas por personas de bajos recursos. Un estudio de Oxford estimó que el 47% de los empleos en EEUU se encontraban en riesgo de automatización. Del mismo modo, el comité de ciencia y tecnología de la presidencia de EEUU indicó que “los efectos negativos de la automatización serán mayores en los trabajos de baja remuneración”. Si se esperan cambios tan abruptos en la economía más avanzada del mundo, ¿Qué podría esperarse en países como Colombia? 

Depende. Puede significar una catástrofe económica y social si nuestros gobiernos se dedican a impulsar la implementación de tecnologías disruptivas extranjeras en nuestras ciudades. Con una política así, cada vez más empresas y trabajadores locales serán reemplazados por empresas y trabajadores extranjeros, lo cual aumentará la dependencia tecnológica y la pobreza en nuestro país. Este es el gran riesgo que se corre con acciones gubernamentales sin foco y/o impulsadas por dirigentes inexpertos o con poco conocimiento.

Pero también podría significar avances sociales sin precedentes si los gobiernos tienen una estrategia clara de democratización y apropiación tecnológica en función de la oferta de nuevos empleos, productos y servicios desde los municipios de Colombia. La mal llamada “IV Revolución Industrial”, de la misma manera que destruye millones de los empleos existentes, también crea millones de nuevos empleos. De acuerdo con Cooper y Lund, el aumento de productividad creada por la tecnología significa un aumento neto de los empleos para aquellas economías oferentes de tecnología. En este sentido, si los gobiernos tienen una estrategia clara para reeducar a sus jóvenes y trabajadores de tal manera que puedan insertarse en los nuevos mercados laborales, e incentivan la implementación de nuevas tecnologías para que nuestras empresas locales hagan parte de las cambiantes cadenas de valor global, la revolución tecnológica se convertirá en una nueva bonanza con mayores oportunidades para los más necesitados. 

Para lograrlo debemos empezar por unos objetivos y visión clara de la ruta a seguir, seguida por unos planes estratégicos de largo plazo desde el Estado que permitan ejecutar los pasos necesarios. Como ejemplos encontramos el “Plan Estratégico Nacional para la investigación y desarrollo de la Inteligencia Artificial” de EEUU”, el “Programa de mediano y largo plazo para el desarrollo de ciencia y tecnología de China, y el “Plan de acción estratégico para la inteligencia artificial” de los Países Bajos, entre muchos otros. 

Hoy los conflictos políticos y económicos particulares impiden agendas estratégicas de largo plazo para todos, el estado tiene un enfoque de dependencia tecnológica en sus acciones, y nuestros gobiernos, colegios y universidades continúan impulsando el uso de tecnologías cerradas creadas en el exterior mientras enseñan métodos y habilidades anticuadas. Es urgente usar la institucionalidad y experiencias existentes de organizaciones nacionales como Ruta N y los conocimientos y tecnologías del mundo. El país no puede darse el lujo de seguir esperando para desarrollar políticas y acciones con presupuestos específicos que incrementen la soberanía tecnológica, reestructuren el sistema educativo en función de las nuevas economías, e incentiven las empresas llamadas a tener un rol importante en las cadenas de valor globales. 

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Asistencialismo viral ó digitalización estructural, esa es la elección.